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El gran arancelazo

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Donald Trump cumplió este lunes con una de sus amenazas más temidas, la de subir un 25% los aranceles a todas las importaciones provenientes de México y Canadá. La medida, que entró en vigor el martes, busca, según Trump, proteger a los trabajadores estadounidenses y presionar a ambos países en temas de inmigración y tráfico de drogas. Envió también un mensaje a los empresarios: si quieren librarse de aranceles no tienen más que trasladar sus fábricas a Estados Unidos y así no tendrán que pagarlos. La decisión fue recibida con pesadumbre tanto en Ottawa como en Ciudad de México, donde ya han aprendido a esperarse lo peor del nuevo Gobierno estadounidense. En Canadá Justin Trudeau respondió pronto anunciando que tomará represalias. Incrementará los aranceles en la misma medida. Claudia Sheinbaum, por su parte, ha sido más cauta hasta el momento, pero es poco probable que se quede de brazos cruzados.
Entre los sectores más afectados estarían las exportaciones mexicanas de automóviles y productos agrícolas, así como el petróleo y la madera canadienses, de gran importancia para la economía estadounidense. Pero sufrirán más los castigados que el castigador ya que tanto Canadá como México tienen una balanza comercial muy positiva con Estados Unidos. Ambos países son, de hecho, muy dependientes del mercado estadounidense, al que se han amoldado por completo desde que hace más de 30 años se firmó el primero de los tratados de libre comercio de América del Norte. El segundo llegó hace sólo cinco años, en 2020, y fue negociado por la primera administración Trump. Este último tratado no ha quedado formalmente derogado, pero ya es papel mojado tras la aplicación de semejante arancelazo.
Los expertos han alertado sobre las consecuencias de una decisión de este tipo. Los aranceles no son más que un impuesto con otro nombre, de modo que los repercutirán directamente en los precios de infinidad de productos. Industrias como la automovilística son especialmente sensibles ya que dependen de cadenas de suministro transfronterizas. Los vehículos ensamblados en las cadenas de montaje mexicanas no se fabrican completamente allí, muchos de sus componentes cruzan la frontera varias veces antes de integrar el producto final.
En el ámbito político, la decisión ha generado profundas divisiones internas. Mientras los seguidores más acérrimos de Trump lo celebran ya que una medida de esta índole es consistente con el lema "America First”, otros temen que esto impacte sobre la inflación, que aún esta muy lejos de controlarse, y termine costando empleos dentro de Estados Unidos. Los gobernadores de Estados fronterizos como Texas o Michigan temen además el impacto en sus economías locales. Por su parte, los demócratas en el Congreso han acusado al presidente de jugar con fuego y poner en riesgo las relaciones con aliados fundamentales. Para ellos los aranceles, aparte de dañar innecesariamente a los consumidores y a muchas empresas, aislarán a la economía estadounidense.
Por de pronto el mercado bursátil ha reaccionado de forma muy negativa. El martes cayeron todos los índices y la incertidumbre se ha apoderado del entorno corporativo. Los empresarios ven como esto incrementará sus costes y necesitan hacer planes, algo completamente imposible ante alguien tan volátil como Donald Trump. Incluso en el caso de que decida echarse atrás, el daño ya estará hecho porque en cualquier momento puede volver a cambiar las normas sin previo aviso y sin más razones que querer quedar por encima.
En La ContraRéplica:
0:00 Introducción
4:00 El gran arancelazo
33:00 Ucrania sin EEUU
40:03 Falacias de la propaganda rusa
45:43 Diversidad en La Contra
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#FernandoDiazVillanueva #aranceles #trump
Entre los sectores más afectados estarían las exportaciones mexicanas de automóviles y productos agrícolas, así como el petróleo y la madera canadienses, de gran importancia para la economía estadounidense. Pero sufrirán más los castigados que el castigador ya que tanto Canadá como México tienen una balanza comercial muy positiva con Estados Unidos. Ambos países son, de hecho, muy dependientes del mercado estadounidense, al que se han amoldado por completo desde que hace más de 30 años se firmó el primero de los tratados de libre comercio de América del Norte. El segundo llegó hace sólo cinco años, en 2020, y fue negociado por la primera administración Trump. Este último tratado no ha quedado formalmente derogado, pero ya es papel mojado tras la aplicación de semejante arancelazo.
Los expertos han alertado sobre las consecuencias de una decisión de este tipo. Los aranceles no son más que un impuesto con otro nombre, de modo que los repercutirán directamente en los precios de infinidad de productos. Industrias como la automovilística son especialmente sensibles ya que dependen de cadenas de suministro transfronterizas. Los vehículos ensamblados en las cadenas de montaje mexicanas no se fabrican completamente allí, muchos de sus componentes cruzan la frontera varias veces antes de integrar el producto final.
En el ámbito político, la decisión ha generado profundas divisiones internas. Mientras los seguidores más acérrimos de Trump lo celebran ya que una medida de esta índole es consistente con el lema "America First”, otros temen que esto impacte sobre la inflación, que aún esta muy lejos de controlarse, y termine costando empleos dentro de Estados Unidos. Los gobernadores de Estados fronterizos como Texas o Michigan temen además el impacto en sus economías locales. Por su parte, los demócratas en el Congreso han acusado al presidente de jugar con fuego y poner en riesgo las relaciones con aliados fundamentales. Para ellos los aranceles, aparte de dañar innecesariamente a los consumidores y a muchas empresas, aislarán a la economía estadounidense.
Por de pronto el mercado bursátil ha reaccionado de forma muy negativa. El martes cayeron todos los índices y la incertidumbre se ha apoderado del entorno corporativo. Los empresarios ven como esto incrementará sus costes y necesitan hacer planes, algo completamente imposible ante alguien tan volátil como Donald Trump. Incluso en el caso de que decida echarse atrás, el daño ya estará hecho porque en cualquier momento puede volver a cambiar las normas sin previo aviso y sin más razones que querer quedar por encima.
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